Era poco más del mediodía , el sol iluminaba el parque mientras Elena se encontraba durmiendo a la sombra de un árbol. De pronto, sintió que alguien sacudía su hombro, por lo que la joven aún somnolienta se estiró un poco , talló sus ojos y miró a una pequeña niña de vestido naranja frente a ella.

— ¿Puedes leerme un cuento? — dijo la niña, al poner en sus manos un libro medianamente desgastado. Elena sonrió, abrió el libro que para su sorpresa tan sólo tenía unos cuantos dibujos infantiles. La chica levantó la mirada confundida — Lo siento, pero aquí no hay nada escrito — le dijo a la niña, pero esta se había levantado y se alejaba corriendo mientras murmuraba cosas que no alcanzaba a comprender. Elena se incorporó y comenzó a seguir a la pequeña, a quién perdió de vista al entrar en un laberinto de rosas.

Tras unos pocos minutos logró cruzar el laberinto y se encontró en la entrada de una casa que no recordaba haber visto antes, estaba indecisa sobre qué hacer, cuando la puerta se abrió y distinguió a la niña del libro. Elena se acercó y quiso llamar la atención de la pequeña, pero ella se apresuró a señalar que guardara silencio mientras tomaba su mano y la llevaba con ella.

Entraron a un pequeño dormitorio donde había varios niños que la miraron sorprendidos, sin decir nada. La niña del libro comenzó a buscar algo bajo su cama, se acercó a Elena y le mostró una hoja de papel con algo escrito en ella. En la hoja se narraba una historia donde los pequeños eran convertidos en muñecos por una mujer con máscara de conejo.

— Tienes que ayudarnos, por las noches escuchamos como alguien silba una melodía que se escucha cada vez más cerca, en ocasiones unos ojos nos miran desde la ventana e intentamos hacer como que no lo vemos, pero tenemos miedo de que un día finalmente nos atrape— le susurraba la pequeña mientras se aferraba de su mano.

Elena miró a la niña con preocupación, ¿Acaso había perdido la razón? , ¿ Realmente podría existir tal ser? ,observó también a su alrededor para encontrar la mirada de los demás niños asustados.

— ¿Qué puedo hacer ? — dijo la chica mirando a la niña, quien le contestó — Eres más grande que yo, debes ser fuerte, tú puedes enfrentarla y salvarnos — apenas terminó de mencionar eso cuando de pronto se apresuró a esconderse bajo su cama mientras los demás niños hacían lo mismo. La puerta del dormitorio se abrió y un hombre con facciones amables se dirigió a la chica — ¡Elena, estás aquí! La chica lo miró confundida — ¿Qué sucede? , ¿ Has estado teniendo alucinaciones de nuevo? — dijo el hombre con un semblante preocupado. La chica no podía hablar, miró a su alrededor, como si buscara ayuda de los niños, pero no había nadie más en el dormitorio.

— Ven conmigo , tienes que asegurarte de tomar tus medicamentos— le dijo el hombre mientras la dirigía tomándola del hombro. La llevó a un estudio donde le indicó que se sentara mientras la miraba y le decía — Elena, estoy muy preocupado por tí. No puedes ir por ahí desobedeciendo mis indicaciones y dejar de tomar tus medicamentos. ¿Recuerdas lo que sucede a los niños que no hacen lo que se les indica? ¿ Es que buscas que la mujer con máscara de conejo te lleve?

— Elena lo miró desconcertada y gritó — ¡No quiero! — entonces escuchó su propia voz y se dió cuenta de que algo había cambiado, miró sus manos y estas se habían hecho pequeñas, todo su cuerpo era de pronto tan distinto y llevaba un vestido naranja,se percató de que era ella aquella niña del libro, aún así no recordaba al hombre que le hablaba , aunque la sensación le era familiar, tenía miedo y no era la primera vez que lo sentía.

— Bien, entonces sé una buena niña y toma esto — dijo el hombre mientras ponía en su mano una pastilla. Elena tomó el medicamento y al poco rato sintió como el cansancio la inundaba, sus ojos se comenzaban a cerrar mientras el hombre sonreía al tiempo que se quitaba el cinturón y se acercaba a ella.

Despertó de pronto en el dormitorio de los niños, la cabeza le daba vueltas y tenía el estómago revuelto, también tenía frío. Intentó pararse, pero sus pequeñas piernas cedieron y se echó a llorar. Pasó un rato y ya no podía llorar, ahora tenía una sensación de asco , como si su cuerpo quisiera sacar toda su tristeza y su coraje por la boca. De un momento a otro, escuchó una voz femenina, una voz que tarareaba una melodía oscura, pero suave a la vez.

Elena levantó sus ojos llorosos y la vió por primera vez, era la mujer de la que había escuchado , llevaba una máscara de conejo y varios muñecos en la cintura; sin embargo ya no veía en ella un peligro, sino una salida.

— Llévame contigo — le suplicó mientras la tomaba de su larga falda. La mujer inclinó la cabeza lentamente, se agachó y le dió un beso en la frente, acarició su cabello y le señaló con una mano que la esperara allí. Salió del dormitorio, Elena oía su melodía y sus pasos un poco lejanos, luego escuchó los gritos del señor, que fueron ahogándose para no sonar más.

La mujer volvió con Elena y le extendió su mano, la llevó con ella fuera de la casa, ahora iban con ella todos los niños que había visto, caminaron por el laberinto de las rosas y al llegar al otro lado volteó para despedirse.

— Gracias — dijo Elena , quien ahora sabía que la mujer en realidad era quien ayudaba a los niños como ella, que los cuidaba hasta que ya no eran pequeños y tenían la fuerza para continuar viviendo. Se sentó de nuevo bajo el árbol en el que había comenzado todo, con sus recuerdos de vuelta, se prometió no olvidar todo lo sucedido y buscar ayuda , entonces cerró los ojos con una sonrisa, pronto sería la hora para despertar.

Por: Cerberus